lunes, 8 de febrero de 2016

Un nuevo viejo camino



Salté del asiento con la necesidad incontenible de escribir algo que desconozco todavía. Sin pensarlo, o antes de darme cuenta, puedo ver los arabescos color gris grafito apareciendo sobre las rayas celestes de la hoja, y sentir el rítmico "tris-tris-tris" de la punta -sonido que siempre me ha resultado placentero, incluso estando en exámenes- que se desliza en piloto automático, porque no lo estoy pensando. "Quizás al rato lo pase al blog, que hace mucho que no lo toco" pienso (aunque el sonido de las teclas no es tan satisfactorio como el de un lápiz desangrándose en aras de ideas que apenas quieren parecerse a algo). Tengo la piel pegajosa porque hay mucha humedad y no se digna a llover. ¿Es ese un buen tema para un cuento? Dios, las ganas de escribir son como un gato furioso que me revuelve el pecho buscando una salida que no encuentra, una que se adapte a sus sinuosas formas todavía inexistentes
.
Antes se me hacía muy fácil; creo que era la práctica. Es cierto que escribía estupideces, niñerías que a mí en aquel entonces me parecían geniales. Sin embargo, escribía. Muchísimo. Recuerdo la vez que mi madre me dejó faltar a la escuela porque había pasado la noche despierta escribiendo...

No pretendo vivir de esto o volverme famosa, pero así como a veces la bestia de la música me tortura si no canto hasta cansarme, ahora me lo exige la de la escritura, y uno no puede simplemente contrariar ni desoír a sus bestias internas.

Me duele la muñeca y no puedo detenerme porque, aunque no sacia al animal, al menos lo distrae un poco.

Creo que acabamos de comenzar un viaje...

lunes, 23 de marzo de 2015

Destino



Nunca creí en el destino. Soy creyente, pero creer en que vivo un guion pensado y puesto en mi como un chip no coincide con mi idea de un Dios amoroso y justo (como muchos otros dogmas que pululan por el mundo). Sin embargo, no fue hasta el otro día en el casamiento de una amiga que me di cuenta de lo mágico que es que nuestra vida no esté predestinada.

Somos producto de dos personas que se conocieron por casualidad; nacimos en una ciudad como pudo ser en otra, con el pelo de tal color porque no otro. Somos resultado de decisiones nuestras o de otros, y esos pasos nos van marcando una senda dentro de caminos andados por otros. A veces pisamos huella por huella, con miedo. En otros momentos nos ponemos innovadores y atrevidos, y nos animamos a pintar afuera de las líneas.

Y de repente pasa lo más maravilloso de una vida sin didascalias: esos pasos, esas decisiones, ese camino de repente se cruza con el de otra persona, que de casualidad es perfecta para nosotros. ¿Qué gracia tendría superar todas las piedras del camino por alguien que una fuerza superior decidió que iba a terminar con uno? ¿No es más hermoso el sentimiento de que ese ser nos acompaña porque así lo quisimos, porque lo elegimos de entre todas las opciones que conocíamos? Una hermosa casualidad...

Me gusta la idea de que uno fabrica su destino y que se aprende a vivir, como si la vida fuera un trozo de arcilla. Se nos da un material con determinadas características al que vamos agregando, sacando, moldeando, queriendo y sin querer, a veces sin saber qué es lo que esperamos. Y de repente, después de mucho trabajo, nos paramos a contemplar nuestra obra. Puede que no sea perfecta, quizás otros lo habrían hecho mejor, pero lo que está ahí es único y maravilloso, tanto que nos enorgullece aunque haya cosas que nos sonrojen un poco. Ensuciarse las manos es preferible a ser el espectador de una obra teatral cósmica. El destino nos quita responsabilidad sobre nuestras decisiones, nos oprime y restringe. Quién sabe qué cambiaría en mi vida que no escribiera estas líneas... Eso es lo mágico de todo esto, como esos libros donde uno va decidiendo qué pasa a continuación y en base a eso, el final varía. Lo fantástico de la vida es precisamente vivirla.

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miércoles, 18 de marzo de 2015

Intriga en Verona


Ese es el título de un radiocine que escucho mientras las pastillas de dormir hacen su efecto alucinógeno. Y no sé si es del todo casual. «Intriga»... El Diablo está en todas partes. Justamente pensaba en una situación similar que tuvo lugar hace un año, más o menos, en la cual también escribí una carta para alguien, una amiga a quien le debía una disculpa (porque aunque ya no pienso en volver a serlo, yo la consideré siempre mi amiga), bajo estos mismos extraños efectos que me hacen ponerme ridículamente sincera.


Leyendo su respuesta, y releyendo lo escrito por mí al día siguiente, me di cuenta de que sólo en esa situación de debilidad mental,  de prevalencia de la pasión sobre la racionalidad, uno es capaz de ser honesto incluso con gente que no lo merece. Me dirán ustedes: «¿quién puede no merecer la honestidad ?» Dejando de lado los vínculos matrimoniales, hay gente que no merece saber lo que significan para otros, porque en su insidia, en lo demasiado pagados de sí mismos que están, no lo usarían para nada que no sea burlarse de uno. ¿Vale la pena exponer sentimientos puros de amor, amistad, arrepentimiento... con el peligro de que algún imbécil los mancille con comentarios cargados de ironía y odio? Supongo que sí, cuando la persona lo vale. Y, no obstante, una persona que lo valiera realmente no generaría ninguna duda. Entonces... hay personas que no merecen nada de nosotros, ni siquiera rencor. No lo valen.

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miércoles, 18 de febrero de 2015

Pensando

Soy de los que piensan que el presente no existe, o existe apenas. El «ahora» es el «antes» del segundo que viene; se escurre como arena entre los dedos. Es ese instante en que apoyás el pie en la baldosa mientras levantás el otro para avanzar. Y en ese caminar hacia adelante uno se cruza con mucha gente: algunos que sólo se paran momentáneamente a saludar, el amargo que te detiene para contarte de sus achaques y negatividad, el que te sonríe un segundo y pasa de largo... y están los que te encuentran, te abrazan y caminan contigo. Ellos no te detienen ni te retrasan, van a tu paso, charlando, haciendo el camino más ameno.

Así es la vida. En esa caminata hay personajes fugaces, otros que mejor perderlos; otros, como los callos o las ampollas, que son dolores inevitables otro pasajeros, y otros más permanentes, como ese huesito del talón cuando es largo, y pincha, y duele, y hace difícil avanzar, pero nació contigo. Y está el que cruzás sin esperarlo, que te llena de felicidad y con el que vas aunque el trayecto sea más largo porque vale la pena su compañía, y porque al final el destino es el mismo: el futuro, que es ahora. Creemos erróneamente que el futuro es lo que viene. El futuro está, lo armamos en el momento. Hay que disfrutarlo con la compañía del que no retrasa y va al mismo lado que uno. Ojo, también hay algunos que caminan un poco pero tienen que doblar la esquina por ahí... y dejan un buen recuerdo, pero no van hacia donde nosotros. A veces vale la pena recalcular, pero... ¿qué tanto y por quiénes dar el salto?


Independientemente de todo, la vida es un continuo devenir de gente, de emociones, de vivencias, de momentos... y no se detiene. Así que: ¿por qué hacerlo nosotros?



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martes, 10 de febrero de 2015

Sueños


Me acabo de despertar una vez más de una secuencia de sueños vívidos, dinámicos, coloridos, fantásticos y difíciles de gobernar y de trabajar. Creo que mi subconsciente trata de darme lo que mi consciente no puede. Eso es altamente inconveniente, pero es algo. Aquí sí veo todo con la nitidez del día. no debo dejar que se me vayan...


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lunes, 9 de febrero de 2015

Bloqueo


Sí, sí, ya sé: soy incapaz de llevar un blog como la gente. Pero espero que la prolongada ausencia de la que salgo con esta entrada sea la última (y lo digo con los dedos cruzados atrás de la espalda, jaja).

Hace un par de días me he vuelto consciente del bloqueo productivo que tengo. Quiero escribir, lo quiero con todas mis fuerzas, pero no se me viene nada a la mente. Me siento frente a la hoja a pensar ideas, y las ideas no salen. Siento que todo está bajo una niebla gris que no me permite verlo con claridad, como si todos los mundos y todas las posibilidades bailaran frente a mis ojos pero no pudiera limpiar esas nubes que me impiden acceder. ¿Qué hace que, sin importar lo frustrante, lo casi humillante que se vuelvan las cosas, insistamos en hacerlas? Creo que cuando algo es muy importante, cuando sentimos que tenemos algo que contarle al mundo, no paramos hasta lograrlo, aun cuando no tengamos del todo claro qué es eso que queremos contar.

Suspiro... Siento que se aproxima una larga temporada de frustración. Veremos qué rumbo van tomando las cosas...

lunes, 23 de diciembre de 2013

Lo que me dejó la saga de Buu (Dragon Ball Z)


Dragon Ball Z fue un programa clave en mi vida. Lo descubrí por mi primo Joel, un traumado, y me ayuda a sentirlo cerca aunque no separen miles de kilómetros. Era el programa de la tarde de mi papá y mío en mi preadolescencia. Pero más allá de estos recuerdos, y mi amor platónico por Gohan adolescente, me he dado cuenta de algunas cosas que me gustaría compartir.

Últimamente se me ha dado por repetir la saga de Majin Buu, mi favorita. Eso ha reafirmado mi creencia de que los dibujos no son solo para niños, creo que podemos aprender mucho de ello cuando lo vemos con toda la carga de experiencias vividas.

La saga de Buu me dejó las siguientes lecciones:

  1. Hay que estar listos, sin importar lo calmadas que estén las cosas. Vegeta se lo echa en cara a Gohan diciéndole que por haber sido tiempo de paz, se ha dejado estar con los entrenamientos. No es que tengamos que estar listos para partirle la cara al primero que se nos cruce, pero las épocas de calma son periodos de reflexión que nos sirven para prepararnos física y mentalmente para lo que puede venir.
  2. Las cosas hay que ganarlas a pulmón. Videl tenía una vida cómoda como hija del "salvador de la Tierra", pero entrenó con ganas y no se sintió segura por su vida privilegiada. Luchó siempre por lo que quería, y aun en los peores momentos, como en la pelea con Spopovich, ella aseguró que jamás se rendiría. Lo mismo pasó cuando se fue con Gohan y Kibito para poder entender las cosas. No es bueno tener dudas; hay que investigar, probar, intentar, no dejarse vencer.
  3. Nunca sabemos de quién puede venir la ayuda. Mr Satán y Majin Buu parecían estorbos en la pelea final con Buu, pero cuando menos se pensaba, Majin Buu distrajo a Buu y Mr Satan no solo convenció a los humanos de ayudar en la Genki Dama sino que además se metió entre medio de la pelea para sacar a Vegeta, el mismo que había refunfuñado todo el tiempo por haberlo salvado a él en lugar de Gohan y los demás.
  4. No podemos dejar ganar al orgullo. Si Trunks no hubiera aceptado equipararse con Goten, aunque fuera mayor y más poderoso, Gotenks no hubiera nacido. Vegeta aceptó sus limitaciones, reconoció que Gokú era "el número uno" y lo ayudó tanto cuanto pudo. De otra manera, nunca se habría podido vencer al poderoso enemigo.
  5. No solo importa la fuerza física, hay que formarse mentalmente. Más allá de que a Gohan no le gusta demasiado pelear, lo vimos sacrificarse para ir a estudiar, viajando desde muy lejos. Al final, lo vimos tranquilo y feliz en su casa, dedicándose a lo que le gustaba.
  6. La familia es primero, y en ella se cree, y se defiende. Videl no podía aceptar que Gohan estuviera muerto porque no podían darle pruebas. A veces es justo dar segundas oportunidades. Esto vale también para Majin Buu, que al final se ganó el afecto de todos. Y nunca es tarde para manifestar el amor a nuestra familia: Vegeta se dio cuenta casi al final de que tenía que proteger a Bulma y a Trunks, y bueno, más vale tarde que nunca.
  7. Y por último, como la última esfera, lo más importante que me dejó, lo que se repitió varias veces, es que proteger la Tierra es responsabilidad de quienes la habitamos. Quizás hay seres "poderosos" que pueden hacer mucho, como los sayajines; otros tienen que esforzarse y aprender a dar lo máximo de sí, como Videl, Mr Satán, Ten-Shin-Han y los demás. Algunos tenemos habilidades que nos hacen especiales, como Bulma en la ciencia. Y otros podemos aportar solo una gota de agua, como Milk al enfrentarse a Buu sola para defender a su familia. No importa exactamente cuánto podamos dar en la lucha, sino si realmente queremos lucharla. Lo fundamental es pasar a ser parte de la solución y no del problema, y apoyarnos hombro a hombro con los que nos siguen en la causa, ganándonos como Gokú a algunos que en su momento se niegan con cariño y simpatía. Pero este planeta, el nuestro, es nuestra responsabilidad.
Quizás piensen que es demasiado para un animé... tal vez. Pero yo misma me sorprendí. Ojalá les hayan agradado, los motive a ver los dibujos con otra óptica y claro, pueden comentarme sus opiniones y diferencias.


(Para papá -Mr. Satán- y Joel -Trunks-, 
junto a quienes disfruté tantos capítulos de Dragon Ball Z)

domingo, 10 de noviembre de 2013

Un sordo grito de la niña que vive en mí

El 18 de octubre traté de suicidarme. Me faltó el valor para tomarme el blister de las pastillas más fuertes. No me quiero morir.



¿Nunca han sentido el desesperante deseo de no estar? Como de caer en un coma, y que al despertar, todo sea diferente...

Lamento no poder ser una fuente de ánimo en estos días. También tengo que cargar con mi culpa.

La desconfianza de mi novio, que a las dos de la madrugada llegó en un patrullero para llevarme al médico.

La vuelta a la dependencia, porque ya no puedo dosificar mis propios medicamentos.

El saber que atenté contra lo más valioso y que aun así hay gente que me quiere. Y que, todavía así, tenga que seguir luchando con ese pensamiento que me dice que volvería a hacerlo. Tengo miedo.

Extraño muchísimo a mis alumnos, extraño trabajar. Siento que les fallé porque al final no salimos adelante juntos como les prometí. Pero en cuanto esté, así sea una semana la que nos quede, que así sea, trabajaremos juntos.

He ido dos veces al cementerio en toda esta debacle. No por tomarme atribuciones que no me corresponden: la primera, para convencerme. La segunda... me tiré al suelo y pensé cómo sería reposar allí, en ese silencio de la muerte. Pero, ¿para qué? Yo sé que si me quedé de este lado, si no me tocó, tengo que hacerlo valer. No es la salida. ¿Qué hubiera pasado con mis padres, mi novio, mis hermanas, mis abuelos? Siempre creí que podrían seguir normalmente su vida y ahora sé que no. Ni mis amigos. Cuando se lo conté a una amiga que vive lejos, su reacción fue decirme que me fuera para allá. No sermones ni regaños. Soluciones.

No estoy orgullosa de lo que hice y sé que tengo que luchar contra esas ideas. No voy a detallar el porqué ni nada, pero sueño que, buscando salidas en internet como yo lo hice, quizás alguien dé con esto y lo piense dos veces. No fui cobarde por no terminar con todo; lo fui por querer terminar con todo. Hay otras salidas; no son tan fáciles; no obstante, a la larga, uno mira hacia atrás y piensa: "mirá de lo que me hubiera perdido si..."

jueves, 12 de septiembre de 2013

Adiós... o hasta pronto






A Luiseb, que leía mis tonteras en este espacio.
Ojalá todavía estuvieras aquí.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Para alguien especial

Como he dicho aquí alguna vez, no festejo los cumpleaños, pero quería aprovechar la fecha para dedicarle un espacio a Ale, mi hermana del alma que por esas casualidades de la vida resultó ser seis días y 23 horas mayor que yo. También fue la primera en hacerme tía del precioso Franito, ese niño que es también motor de mi vida aunque no nos veamos tanto como quisiéramos.

Nuestra historia no es mágica, de esas amistades desde un primer momento. Yo pensaba que ella era una creída, y ella, que yo era una malcriada.Claro, cuando tuvimos uso de razón, porque otra casualidad fue que nuestras madres nos atendieran en el mismo sanatorio.

En el liceo, seguíamos pensando pestes una de la otra, hasta que en tercer año fuimos compañeras. Lentamente nos hicimos inseparables. Guardo con amor cartitas y cosas que nos intercambiábamos en aquel entonces.

Lamentablemente, por estupideces de niños, nos separamos por unos años. En ese entonces también hubo algún contacto, aunque el resentimiento que fingíamos era una máscara para el dolor de no estar juntas. Maldito orgullo. Ahí me enteré de que estaba embarazada. Me sentí llena de vida, pero a la vez triste de no poder estar con ella, sabiendo su situación familiar. No estoy muy segura de quién surgió la idea del acercamiento, pero primero por chat y luego en una muestra de música volvimos a juntarnos. Fue uno de los mejores días de nuestras vidas. Aunque ninguna de las dos sabía muy bien qué decir, en cada gesto se reflejaba la falta que nos habíamos hecho. No nos separamos desde entonces. Hemos estado juntas en las cosas más lindas, como el embarazo y nacimiento de Fran, como en las más feas que no perderé tiempo en citar, porque son dolorosas y poco constructivas.

Miro en retrospectiva y pienso en aquellas historias que nos gustaba escribir y soñar cuando éramos liceales, soñando con nuestra vida futura. Y veo que hay muchas diferencias: no vivimos juntas, todavía no somos profesionales, no estamos casadas y solo ella tiene un hijo. Pero sí sucedió lo más importante, y es que estamos juntas. Sé que estará el día que me case y que ella será la tía de mi hija cuando decida venir. Sé que juntaremos fotos de nuestros hijos y que aún así tendremos tiempo para tomar un vaso de jugo y contarnos cosas. Sé que reiremos y lloraremos juntas. Y que la vida no es un cuento de hadas, pero lo mejor que puede pasarte es tener gente genial para hacerle frente. Así que, hoy que estás un día más con nosotros, un año más con nosotros a pesar de todas las dificultades, te doy las gracias por darme el ejemplo y cuidarme como a tu hermana menor. Te adoro, Lourdes Alejandra Varela Pérez, y mi vida sería muy gris si no estuvieras en ella. Gracias por todo.


martes, 10 de septiembre de 2013

Un soplo de vida

20 de agosto de 2013. Una de las fechas más felices de mi vida, porque me convertí nuevamente en tía. Pero no tía por parte de un familiar; tía del corazón, de mi hermana del alma.



Pasamos todo el embarazo comunicadas, yo visitándola, mandándonos fotos que atesoro. Pero nada de eso fue comparable a entrar a la sala y verla ahí, con su sonrisa de oreja a oreja, y el paquetito de 3.450 kilogramos. Me enamoré totalmente de él, y me jacto de ser la tercera persona, luego de sus padres, de tenerlo en brazos. Sus ojitos achinados, su boquita chiquitita, sus dedos largos y con uñas perfectas y esa piel suavecita y perfumada envuelta en ropitas suaves. Lo apoyé en mi pecho y él se acurrucó ahí, y fue como que el mundo se me dio vuelta.

Cuando le estaban haciendo los estudios a ella y al peque, salí al pasillo y miré por la ventana. No era mi hijo, pero me sentía diferente. Miré Montevideo por el cristal limpio de la Médica y de repente, las cosas dejaron de parecerme tan horribles. El mundo se volvió un poco más hermoso desde que él está con nosotros.

Y pienso en todo lo que me hubiera perdido si alguna vez me hubiera animado a suicidarme. Tengo otro incentivo para seguirla remando, tengo que malcriar a ese niño. Quiero sentir sus abrazos y que me diga "tía", y llevarlo a la plaza y leerle cuentos. Pero sobre todo, no pienso dejar a mi hermana del alma en esta maravillosa etapa que pudimos pasar juntas. Tengo que seguir adelante.

Poniéndonos al día

Han sido unas semanas, unos meses llenos de sucesos... Déjenme contarlos poco a poco.


domingo, 14 de julio de 2013

Sin título porque hay cosas que no merecen ser tituladas


Mario Benedetti dijo una vez que "la mariposa siempre recordará que alguna vez fue gusano". Muy cierto, Mario, pero mucha gente lo olvida. Se deja llevar por esas alitas brillantes olvidando que solo le durarán un día y luego caerán al olvido. Ojalá el tiempo me pruebe equivocada, pero, "querida amiga", tus alas están secándose, y estás demostrando que, bajo tanta belleza y supuestas cualidades, no sos más que un simple gusano. Good riddance.

(Que conste que las mariposas me siguen pareciendo hermosas; solo odio a la gente hipócrita y traicionera).
A aquella mariposa que supo guiarme.
Quiero pensar que no estuve equivocada.

viernes, 5 de julio de 2013

El mundo tiene tantas facetas como gente viviendo en él


Han sido un par de semanas complicadas. Este lunes, falleció un tío, y ayer, luego de una larga batalla contra una durísima enfermedad, el hermano mayor de mi ex-novio con el que mantengo una buena relación. No sé qué pensar. Quiero dormir, porque mañana tengo que trabajar, pero no puedo. Maldito TOC. Malditas ideas agolpándose en mi mente. Necesito descargarme.

Por algún tiempo sostuve la mentira más grande en la que se embandera un montón de gente: "la vida es hermosa". Cuack. Error, mistake, abort mission, Houston, tenemos un problema. La vida NO es hermosa. Que valga o no la pena vivirse, es otra cosa. El mundo está lleno de miserias, de tristeza, de muerte, de destrucción, de miles de cosas que nos enferman en todo aspecto. Sin embargo, seguimos aferrándonos a la vida casi obstinadamente. ¿Por qué ese instinto de supervivencia, esa pulsión de vida? Las cosas van de mal en peor y seguimos pensando en tener hijos, en dónde vamos a vivir y nos ponemos felices cuando nos cuentan que se agranda la familia. Soy creyente, y sé que este no era el plan, y no es el plan. La espera es difícil, y no obstante, no nos queremos rendir. Siempre se puede un poco más, aunque nos estemos desangrando. Y aunque nosotros querramos morirnos internamente, al menor tropezón del que está al lado nuestro, corremos a mentirle diciendo que la vida es genial, como queriendo convencernos de ello.

Quizás la vida sea como esas asquerosas pastillas enormes que te mandan cuando tenés angina, cuando la garganta duele mucho, y sabés que tenés que tragártela, que duele, que es horrible, y solo querrías arrancarte la garganta para no sentir más dolor. Pero a tu alrededor hay gente que te cuida, que te da la pastilla y te mira feo si no la tomás. La vida está hecha de momentos; me contradigo: no es ni buena ni mala, simplemente es. La clave está en ver a qué momentos les damos más importancia. Una vez más, "no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos". Un corolario: o cuando estamos cerca de perderlo. Tal vez la damos por sentado; tal vez, en ese momento, en la cercanía del final del hilo, querés alejarte, estirarlo, cada uno por sus propias razones. Hoy por hoy, mis razones son dos: mis dos futuras hijas (no están en camino ni cerca, pero las imagino y las sueño). Y he ahí otra paradoja: despotrico contra el mundo y la vida, pero quiero que ellas nazcan, sientan el pelaje de un gatito, el olor a tierra mojada, el sol del otoño en sus caritas... que escuchen la lluvia en el techo de chapa, el canto de los pájaros, mi voz al cantar, las voces de sus abuelos, sus tías, sus "tíos del alma"... todas esas personas que me han mantenido con vida, lo cual permite que ellas vivan. ¡Qué paradoja! Pero la vida es una gran paradoja. Como sea, creo que la única manera en que la muerte tenga sentido, o mejor aún, que la permanencia tenga sentido, es siguiendo el camino de "no me rendiré tan fácil" que nos dejan los que van a reposar un tiempo. Tenemos que aferrarnos a esa obstinada pulsión de seguir con vida, aunque duela, aunque sea horrible. La vida es un 99% mala, con un 1% de cosas que hacen que valga la pena... Cada uno pensará en qué es su 1%, pero debe tenerlo. Y si no lo hacemos por nosotros, hagámoslo por quienes nos aman, vivos o descansando, porque todos debemos correr la carrera, y es mejor hacerlo de un modo que nos enorgullezca.


Muy humildemente dedicado a Sandro,
por ser un luchador,
y a su familia, deseándoles paz mental para seguir adelante

sábado, 29 de junio de 2013

In memoriam


Esta entrada será algo triste. He estado ausente por algún tiempo, pero han pasado muchas cosas. Entre ellas, la muerte de un buen amigo, Jorge Ramírez, y de la directora del liceo donde cursé el último año de mi enseñanza secundaria, Melva Cor.

De Jorge, diré que era un excéntrico, rarófilo, traumado con los videojuegos y el metal. Pero un excelente amigo, listo para salir a la cancha si alguien lo necesitaba. Era mi bro, uno de los que estuvo ahí cuando necesité consejos. Leía mis cosas, escuchaba la música que le mostraba, tenía paciencia y era muy protector.

De Melva... No sé por dónde empezar. Fue la mejor directora que el liceo pudo tener. Ella siempre estuvo unida a nosotros, preguntándonos cómo estábamos, qué queríamos, qué necesitábamos. Era sumamente exigente y por eso no siempre fue estimada por algunos docentes, pero esos mismos han reconocido que fue esa exigencia la que ayudó a mantener el orden en el liceo. Era amable, dulce y cariñosa con sus alumnos y ex-alumnos. Cuando terminé, y volvía cada tanto porque extrañaba, siempre me preguntaba cómo me iba en los estudios y todo lo que eso involucraba. Siempre tuvo las puertas de su dirección abiertas a proyectos, quejas y consultas. Nos hizo sentir en casa. Ahora que soy docente y estoy del otro lado, me doy cuenta de cuánto trabajo tenía, no solo el que su puesto le exigía sino el que ella misma asumía por amor a su profesión. No es fácil estar a cargo, y mucho menos dejar de ver a los alumnos y docentes como un número y conocerlos como personas; pero así era ella.

Lo que aprendí de ellos... De Jorge, que los amigos están primero siempre, sin importar qué haya pasado o cuánto tiempo hayan pasado sin hablar. Si te necesitan, olvidás todo y estás, sin cuestionar nada, solo ahí, para escuchar y dar todo. De Melva, que siempre se puede dar más de lo que se espera de nosotros y en eso consiste la vida, darlo todo hasta las últimas consecuencias, hasta que no puedas más, hasta que no quede ningún "what if?" que plantearse.

Sé que cuando mueren las personas parecen volverse santas, sin errores. No lo creo así. Ambos fueron personas imperfectas, con defectos. No obstante, lo que dejaron atrás, su legado es lo que vale. Es lo que queda: seguir adelante en su memoria, seguir la lucha que ellos no pueden seguir, para que cuando abran los ojos vean que nosotros tampoco nos rendimos. Auf wiedersehn, queridos... Nos vemos a la vuelta.


viernes, 5 de abril de 2013

Cambiar

Llámenme romántica o reaccionaria, pero no me agradan mucho los cambios. Nunca me gustaron, me resisto a ellos; no importa qué tan buenos sean o cuánto trate de convencerme de lo bueno que será, hay una parte de mí que no quiere, que desearía que todo permaneciera igual.

Sé que los cambios son parte de la vida, que "renovarse es vivir", bla bla bla. Y no es que esté en contra de la tecnología, esas cosas triviales. Creo que odio verme a mí misma y pensar en cuánto he cambiado a través de todos estos años. Me encanta ver aquellos en lo que he mejorado y en las cosas en que me he refinado, o me han refinado (distintas personas, momentos... todo aquello que ocurre)... pero me siento impotente al ver aquellas cosas que han cambiado en mí "sin permiso". Sobre todo en lo que a amor y amistad respecta. ¿En qué momento comenzamos a volvernos sosos y estupidizados por la rutina? Eso es, ese es el punto... rutina. Odio ver que hay cosas que necesariamente se anteponen a aquellas que son las más importantes en la vida. Es muy fácil decir que "no deberías dejar que el trabajo te deje poco tiempo para tus amigos y familia", pero en la práctica, las horas se te escapan de las manos, y cuando querés ver, no has hablado con tu novio en una semana más que un par de mensajes cansinos. Cuando querés ver, has pasado seis meses o más sin ver a una de tus mejores amigas. Han pasado meses sin que te dejes trasnochar leyendo un libro, o en una fiesta, o mirando una película porque al otro día "hay que madrugar para ir a trabajar". Ojo, me encanta estar trabajando, y más tener el privilegio de trabajar de lo que me gusta, formando personas... Creo que es una sensación de amor odio. Bittersweet (siempre me encantó el sincretismo de los idiomas sajones). Es que me di tiempo a pensar, me estoy dejando hacer cosas (como la lectura, las clases de canto...), pero parece que hay algunas que se me han ido de las manos. Quisiera volver a sentir la pasión por todo que tenía en algunos días más sencillos. No creo que la pasión sea algo que depende de tener tiempo o no, es una actitud de vida. Y estoy más que dispuesta a recuperar esa actitud.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Undefined

Vamos, ambos sabemos que esa decisión tan madura y adulta que tomamos no es más que un tire y afloje a ver quién aguanta más antes de dejarse caer. ¿Y qué le vamos a hacer? Así somos...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cuando pase el martes...

      
    Cuando pase el próximo martes, ya habremos pasado el primer día del 2013, ese año al que muchos creyeron que no llegaríamos... No festejo todas estas fechas, pero inevitablemente llega el momento de la reflexión y del "balance". Cursilerías, sí, pero la mente las siente necesarias. 

        Académicamente, no fue mi mejor año, cometí muchos errores, pero a pesar de la tentación, no cometí el peor de todos: rendirme. Lloré, pataleé, escribí... pero seguí adelante, y me puedo sentir orgullosa. Tuve un maravilloso grupo de práctica al que le dejé una parte de mí -solo así me explico esa sensación de pequeño vacío al dejar el liceo por última vez ese año-. Tuve mis mismas grandiosas compañeras, en especial a Majo, con quien pasamos mil y un cosas este año... ¡pero finalmente logramos el interinato! Así que dentro de todo, no estuvo taaaaan mal... Con todo, de lo negativo se aprenden lecciones a no repetir. 

       Tuve bastante trabajo... Entre el instituto de Inglés y finalmente la suplencia... Y ambas fueron muy gratas experiencias. En los dos lugares, fantásticos grupos humanos,de docentes, directivos y demás, todos trabajando hombro a hombro, como debe ser. Y los alumnos, que son la parte más enriquecedora, con todos sus problemas, allí sentados, haciendo algunos de tus días más sencillos y otros más difíciles, pero nunca haciéndote arrepentir de haber tomado el difícil camino de la docencia. Todo coronado por la graduación de mis pichones de octavo, que volarán con fuertes alas al First Certificate, a pesar de mis torturas con fonética y pronunciación... Diciendo todas esas cosas que nunca entendí cómo mi profesor de inglés podía decir... Así que también a él tengo que agradecerle por tanta paciencia, y por tantas frases "descabelladas" que poco a poco van adquiriendo sentido. Y más allá, en el tiempo y la distancia, a La Teacher, que no llegó a verme convertida en lo que soy, pero es una de las personas por quienes me esfuerzo, porque tengo que vivir a la altura de su ejemplo. 

       En la suplencia... Bueno, es otra historia... Fue una casualidad, y encontré mi rinconcito en el mundo. Creo que todos tenemos un rinconcito donde sentirnos útiles y necesarios, uno o varios... y hay que irlos descubriendo. El liceo 49 será, espero, por muchos años ese lugarcito especial para mí. Por eso agradezco a todos los que lo conforman por haber hecho de mi corta estancia una experiencia inolvidable. 

       En cuanto a lo personal... bueno, no fue sencillo. Hubo de todo... despedidas sumamente dolorosas, la anteposición del deber a los sentimientos... pero también aprendizaje. Aprender que no se puede estar "cojeando entre dos opiniones", sino que hay que atenerse a las consecuencias de las decisiones. Que no hay que juzgar a una persona por un hecho aislado, cuando se han compartido tantas cosas. Que hay relaciones que valen la pena por todo lo que te aportan y te hacen crecer como persona, aunque a veces resulten pesados o aburridos. Que el amor no es como los cuentos de hadas, aunque a veces empiecen como uno, y aunque lo deseáramos, pero no por eso deja de valer: es ahí cuando nos toca ensuciarnos las manos y pelearla por salir adelante. Y es ahí cuando disfrutamos de verdad. ¿De qué sirve ser una Cenicienta que, con un golpe de suerte, tiene todo servido en bandeja? (Ojo, no desprecio un golpe de suerte ;) ). A veces la vida nos exige más que eso. Sin embargo, en todos los ámbitos de la vida, no hay como disfrutar del producto de nuestro duro trabajo. 

       Pasa otro año lleno de toda clase de experiencias, de personas... tantos agradecimientos que no daría este espacio para hacer... No creo en los balances de fin de año porque creo que lo mejor sería que estos los hiciéramos cada día. La vida no es una experiencia a largo plazo; no sabemos cuándo puede terminar. Siempre deseamos lo mejor, pero no basta con desearlo, hay que hacerlo. Un balance no puede ser simplemente pensar qué hice y qué no hice, sino que debe aportar algo para mejorar. Así que... espero que los que lo hagan, encuentren en ellos algo productivo, y más allá de todo, que el 2013 sirva para seguir avanzando y mejorando, para ser la clase de persona que, interiormente, sabemos que debemos ser. Y a todos, ¡gracias por leer!

lunes, 15 de octubre de 2012

Un año sin ella...



Mi bisabuelo dijo una vez, en un verso, hablando de la muerte de un gran amigo suyo, "no sé cómo empezar, me cuesta tanto..." Y es que no estamos preparados para enfrentar la Muerte, ese gran enemigo, ese sinfín de preguntas que se pierden en el silencio y en la tristeza. Hubiera querido escribir esto en la fecha justa, el 12 de octubre, pero no pude por varias razones. La principal... no hubiera sabido qué escribir. Las palabras no son suficientes. Sin importar cuán rico sea el idioma, las palabras nunca son suficientes para contener tantas emociones.

El 12 de octubre de 2012 se cumplió un año de la muerte de Gimena Silvana Baz Seguí, mi prima adorada, mi hermanita menor de lejos... Una guerrera, a sus doce añitos (que hubieran sido trece solo unos días después). Pero como siempre digo, no me gusta demasiado usar este espacio para llorar mis penas, sino para tratar de aportar algo a ustedes, queridos lectores, y trataré de darle a esa princesa guerrera el espacio que merece, si es que en algún lugar existen las palabras y los espacios dignos de ella.

En septiembre del 2010 la llevaron al hospital, porque caminaba raro y le dolía mucho la cabeza, y estaba muy cansada. Habían dicho que probablemente fueran cosas del crecimiento. Pero lamentablemente, al día siguiente, con los resultados de la resonancia, supimos que eso no era así, y nos dieron la peor de las noticias: tenía un tumor en el tronco cerebral, no era operable y era mortal. Estaba soleado, recuerdo. El día transcurría con lentitud afuera y adentro del Hospital Americano. Mientras, nosotros llorábamos, nos preguntábamos por qué, no queríamos creer... Hacíamos llamadas... Y al verla, nos parecía increíble que estuviera enferema.

Operaciones que salieron bien, sorpresas... El coma. El espantoso coma. Ese durante el cual Mariana y yo entrábamos y te hablábamos sosteniéndote las manos, contándote cosas graciosas... Ese durante el cual las tías pasaban todas diciendo que eran tu abuela porque todas son iguales... Las eternas guardias en la sala de espera o en el piso frente al CTI infantil... Esas esperas donde me cuestioné la existencia de un Dios, donde me pregunté por qué hay tanta gente mala en el mundo que está sana y le va bien mientras vos, tan chiquitam tenías que pelear una guerra tan dura. Ese tiempo donde te prometí que cuando salieras iba a ir al hospital toda vestida de rosado... Te encantaba verme de rosado porque sabías que yo lo odiaba. Pero el día en que pude hacerlo fue el día más feliz que pueda recordar.

De ahí en adelante solo pudiste maravillarnos cada vez más. Aprendiste a respirar sola, a comer, a tomar agua... A hablar... Tu segunda primera palabra fue "papá". Cuando empezaste a hablar, pediste que te llevaran al baño porque no querías pañales, y querías ducharte. Siempre espontánea, te quejabas de los demás enfermos y mirabas tus comedias, comías papitas y coca cola. Aprendiste a caminar, hermosa, aunque no te parabas sola... Nunca me voy a olvidar de aquel día que fui a verte, cuando ya saliste del hospital, y antes de que te saludara, me dijiste: "mirá, me paro sola". Y era cierto... Te mantuviste en pie sola. Unos segundos, pero era el triunfo de tu voluntad, como siempre fue. Porque con tu voluntad venciste todos los pronósticos, porque volviste de la muerte para estar con nosotros un tiempo más y enseñarnos tanto...

Terminaste la escuela, con grandes notas como siempre, y entraste al liceo, orgullosa con tu uniforme del Saleciano. Hiciste amigos, te sacaste fotos, usaste Facebook... Y nunca publicaste nada negativo. Recuerdo cuánto me emocioné cuando un tiempo antes de perderte publicaste: "estoy viva". Estabas viva, a pesar de todo lo que nos habían dicho, un año después estabas viva, y nosotros orgullosos.

Pero la fantasía tenía que llegar a su fin. Y ese miércoles, cuando mi madre me mandó un mensaje avisándome... No recuerdo lo que pasó. Solo sé que cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, estaba adentro del ropero, al teléfono con mi novio, llorando a mares, repitiendo vez tras vez "Gime...". Tenía que estar allá, aunque nos separaran más de trescientos kilómetros. Tenía que estar ahí para abrazar a Mari, y para ver tu carita una vez más. Llovía mucho. Estaba convencida de que el Universo lloraba la pérdida de un ser tan mágico y especial como vos. Te vi, y supe que no eras vos, porque vos eras la activa, la risueña, la inquieta, la charlatana, la coqueta, bailarina, la que se sacaba fotos en cualquier parte, la cantante, la inventora... No eras ese ángel pálido, quieto... Y a la vez te vi dormir, sabiendo que ya no sufrías, sabiendo que cuando despiertes finalmente todo va a ser distinto y vas a volver a ser esa Gime.

No te hacés una idea de lo que sentí cuando te dejamos en ese tubular. No podía dormirme pensando en que era la primera vez que estabas sola fuera de casa. Es una estupidez, pero pensaba eso, te imaginaba sola en ese cajón, con la lluvia afuera, y lloraba, y no podía pensar en otra cosa. Al final me dormí, y al despertar, Mari estaba pegando los póster que tanto te gustaban en tu cuarto. En un momento pensé "¿para qué lo hace?", y me di cuenta de que cada uno afronta su dolor como lo siente, y si eso la ayudaba, entonces ahí tenía que estar. Terminamos de pegarlos y miramos la obra. Era como si estuvieras allí. Te hubiera gustado.

Al otro día, el sol brillaba radiante en el cielo. No pude evitar sonreir. Así eras vos: un día, la tormenta asolaba tu vida y nos entristecía a todos, pero al instante, con tu alegría y tu fuerza ahuyentabas las nubes y hacías frente a lo que fuera con una gran sonrisa. A veces los adultos nos creemos más por haber vivido más tiempo, pero es una gran mentira. En un año nos enseñaste más que lo que aprendimos en toda una vida. Y aunque desde que te fuiste a descansar un tiempo hay un gran vacío en el mundo que nadie jamás podrá llenar excepto vos, hay algo, un legado que nos hace salir adelante. Es lo que nos dejaste: saber que aunque todo esté en tu contra, no se pierde nada con luchar, con sacar una sonrisa de entre tantas lágrimas y luchar porque sea diferente. Quizás no podamos cambiar el final, pero sí tener un camino mejor. Nos demostraste que vale la pena aferrarse a la vida y luchar por ella, y que a veces no nos damos cuenta de lo afortunados que somos solamente por estar vivos. Personalmente, entiendo que te debo seguir luchando, porque de otro modo, sería injusto que vos te hubieras ido y yo no. No me puedo rendir porque vos nunca lo hiciste. Tengo que ser fuerte y luchar, para verte del otro lado, para encontrarnos cuando las cosas sean diferentes. Hasta ese entonces, tendremos que seguir peleando, y extrañándote.

Auf wiedersehen ("hasta que nos volvamos a ver"), pequeña guerrera, mi mimosa, Gimuchis... No dejo de pensar en vos. Te quiero...


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