martes, 23 de agosto de 2011

Aprovechando la ráfaga


Hoy es un día especialmente productivo. No sé qué me pasa, tengo ganas de escribir y mucha música en la cabeza. Quizás es porque estoy algo melancólica: la melancolía es la mejor amiga del escritor, muchas veces. Lo cierto es que tengo ganas de escribir, y no sé qué.

Escribo desde los diez años, aunque en realidad nunca he escrito nada que me enorgullezca demasiado. Solo cosas corrientes, quizás cuentos, sueños, o cosas como estas entradas, todos pequeñas partes de mí, pequeños copos de nieve. Al principio era solo un ejercicio: en casa me rodearon de letras desde antes de nacer, cuando mi madre me leía estando yo en la panza. A medida que fui creciendo, se volvió algo más terapéutico... Y siempre digo que escribo para no olvidar. Hay algo especial en el hecho de volver a cada persona especial para mí, cada persona que significó algo en mi vida, en un personaje de una historia, o un ser digno de homenaje en una entrada de blog. Quizás cuando pasen los años no recuerde su cara, o su nombre real, pero lo verdaderamente importante no es el nombre o el aspecto de alguien, sino su esencia, que es lo que deja huella en nosotros. A veces, esa persona ni siquiera es alguien a quien conozca más que de vista (como el muchacho que subió al ómnibus hoy a tocar la canción justa para lo que venía pensando, canción que aunque alejada del tema en sí de esta entrada la encabeza, para recordarme las palabras de mi Maestro: "la vida debería tener banda sonora"); muchas otras, son amigos, compañeros, amores posibles e imposibles. No importa exactamente el quién, sino el porqué. 

Y dicho esto, creo que se justifica la entrada: no importa saber o no qué escribir, es lo de menos, cualquiera puede escribir si le dan un tema. Lo verdaderamente imprescindible es saber por qué escribir, por qué adentrarnos en ese mundo maravilloso de las letras, con todos los desafíos que implica encontrar las palabras justas para expresarnos, sabiendo que muchas veces no seremos recompensados y que lo que escribamos quizás no sea leído por nadie, pero también reconociendo que no es lo que cuenta. El hecho de dejar un poco de nosotros reflejado en palabras, universales como tales pero únicas desde que las hemos elegido, es suficiente premio para quien pueda amarlo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Seguidores