lunes, 25 de junio de 2012

Vincerò


A riesgo de que se convierta en clichè de esta página, no me he sentido bien últimamente. No es fácil ir en contra de un sistema que funciona mal, donde parece que uno es idiota por querer hacer las cosas bien, y quienes se arriesgan a serlo, sufren el desprecio de todos y se quedan solos (en el sistema, sin apoyo de sus superiores).

Es difícil ser docente en un mundo donde la carrera está desprestigiada por montones y montones de payasos que no hacen bien su trabajo, o directamente no lo hacen, entre otros factores. Es horrible saber que a nadie le importa que uno se pase horas, días buscando material de calidad para trabajar con los muchachos, material que cubra los parámetros de la currícula y que además les sea útil, les aporte algo (ya que, como si no fuera todo suficientemente malo, hay padres que esperan que los profesores formen moralmente a sus hijos; y es que estoy convencida de que tenemos que ser referentes morales, pero de ahí a hacer en cinco horas semanales lo que ellos no han hecho en 12 o más años...). Que nadie te apoye en el trabajo de formar seres críticos y pensantes, y te tilden de vago o aprovechado porque hay algunos "profesores" que lo son.

Es difícil entrar al salón y "dejar tus problemas de la puerta para afuera". Eso no existe. Muchas veces hay que pararse firme con el corazón hecho trizas, pero tratando de demostrar que se puede y se debe salir adelante, aún cuando uno sigue buscando sus razones para creerlo. Nadie piensa en eso. Nadie entiende que uno tiene una vida afuera de su trabajo y que esta se ve afectada, y que son incontables las lágrimas y las horas de preocupación que se dejan atrás, pensando en lo terrible de la vida de los chicos, en que quizás uno no está  hecho para esto, que no se va poder, y que si se puede quizás no tenga sentido pues nada va a cambiar. Pensar en cuánto está sacrificando uno para recibir poco y nada.

Pero si sigo acá, y aunque odie admitirlo, es porque hay una parte en mí que sigue creyendo en que no importa si se logra o no, que uno no puede vivir la vida pensando en qué habría pasado sí... Los "What if...?" se los dejo a los comics de Marvel. No quiero que mi vida sea un what if. Creo en la docencia y, a veces a regañadientes, creo en mis alumnos. Creo en mis compañeros y colegas que realmente se merecen su título, porque trabajan para mantenerse a la altura cada día. Y todavía no creo del todo en mí, porque también sé que soy mi peor enemiga, pero estoy en la lucha por convertirme asimismo en mi  mejor aliada. Tengo que aprender a manejar las frustraciones y los fracasos (es muy fácil hablar de ello), y dejar un poco la negatividad. Tengo que aprender que después de cada noche, sin importar lo largo de ella, viene un amanecer. A veces más o menos luminoso, pero llega. Y en palabras de Puccini: "¡disípate, noche! ¡Al alba venceré!".

1 comentario:

  1. Luchar aún cuando ya se está vencido... por tu parte ni siquiera estas en miras de estar vencida, así que seguí adelante y los obstáculos se pasan. No pierdas el horizonte.

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