sábado, 21 de agosto de 2010

Dolor


"El dolor es una experiencia sensorial (objetiva) y emocional (subjetiva), generalmente desagradable, que pueden experimentar todos aquellos seres vivos que disponen de un sistema nervioso". Esta es la definición que da la Wikipedia a uno de los sustantivos más familiares para todos los seres humanos. Y uno de los más complejos; basta con escuchar la palabra para sentir algo extraño en el pecho. Tiene una sonoridad bizarra, con la capacidad de transmitir la incomodidad y la desazón propia de la sensación per sé.

Más allá de las definiciones formales, todos hemos sentido dolor alguna vez. Hay tantos tipos de dolor como organismos en el mundo, pues así como todo lo humano, el dolor también es subjetivo (de otra manera, los placebos no serían eficaces en algunos y en otros, totalmente obsoletos)*. Una herida, una quemadura, o alguna patología pueden exponernos a todos al malestar. Pero, más que esos, existen unos que son menos perceptibles que estos, y a la vez, son los más perdurables y difíciles de sobrellevar, y son aquellos que nos afectan a nivel emocional, los que viven muy dentro nuestro y nos corroen, nos desgastan al punto de poder llevarnos al dolor físico. La muerte de un ser querido, el rompimiento de una relación, ya sea de amistad o romántica, la depresión (en cualquiera de sus expresiones) y un amplio etcétera (amplísimo como el repertorio de psiques en el Universo) son responsables de la sensación. Nadie desea vivir en dolor. Lo único que buscamos es la salida más pronta, sin importar lo que se nos pueda aparecer detrás de la puerta; después de todo, parece que nada puede ya empeorar nuestra situación.

Ahora bien... ¿se puede vivir sin dolor?

El dolor es una reacción natural del cuerpo ante una situación de peligro. Si, por ejemplo, al apoyar la mano en el fuego, sentimos el dolor de una quemadura, instintivamente retiraremos la mano. Ergo, el dolor es útil a veces, si no imprescindible. Recuerdo haber leído (por más que intenté no pude encontrar la historia, pero prometo seguir buscando) sobre una mujer que, por un accidente que dañó su cerebro, no podía sentir nada de dolor físico. Algunos dirán: "¡qué afortunada!". Sin embargo, ella comentaba que su vida era terrible, porque mucha veces se lastimaba -una vez fue necesaria hasta su internación por una quemadura, si no me equivoco- y no se daba cuenta. Visto desde esta perspectiva ya no parece tan esperanzador, ¿no?

Ahora, yendo al otro ámbito... Una amiga me dijo una vez que no quería relacionarse con la gente porque tenía miedo de ser lastimada. Sinceramente, no puedo entenderlo.

Es que el dolor no es ni más ni menos que una señal de que estamos vivos, de que tenemos la capacidad de sentir. No quiero decir que el dolor sea un estado añorable, pero sí algo a lo que no debemos temer. ¿Acaso vale la pena, como en el caso de mi amiga, dejar que la gente pase, perdiendo la oportunidad de establecer lazos que hagan de la vida algo rico, una experiencia deliciosa? ¿Es realmente preferible la muerte -con su consabida ausencia total e inequívoca de dolor- al amplio caudal de posibilidades que se liberan con cada amanecer? No creo que nadie en su sano juicio pudiera preferir eso. El dolor es hasta saludable... Cuando uno llora por algo o por alguien es una señal inexcusable de que ese ente es valioso para nosotros. Y si el dolor perdura, también es necesario, porque de otro modo no notaríamos que debemos salir de esa situación.

El dolor es simplemente el estado de transición entre dos estados de felicidad. Con la diferencia de que la mayoría de las veces no elegimos el primero, pero sí depende de nosotros que sea simplemente un momento, para ir por lo que realmente nos haga felices.


* Placebo:Sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto curativo en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción. (Diccionario de la Real Academia Española - Vigésima segunda edición [versión online]).

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