martes, 8 de septiembre de 2009

Boudica (Boadicea), la reina guerrera

(Sugiero que lean la biografía acompañada de la hermosísima voz de Tarja, de presencia tan fuerte como la de nuestra Boudicca:

)


Hay muchos ejemplos en la Historia y en el Arte de mujeres que desafiaron ejércitos enfurecidos con el fin de proteger y luchar por diversas cosas: Juana de Arco, miles de mujeres muertas de maneras atroces en la Inquisición, las Sabinas...
Sin embargo, hay una en particular, a la cual personalmente siempre he admirado, que ha sido un poco empañada por leyendas más "llamativas": la reina Boudicca, de los iceneos.

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Boudica acaudilló a varias tribus britanas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, durante el mayor levantamiento contra la ocupación romana entre los años 60-61 d. C. durante el reinado del emperador Nerón. Su nombre significaba ‘victoria’. También se la conoce como Budíca, Buduica, Bonduca, o por el nombre latinizado de Boadicea.

Tácito y Dión Casio coinciden en que Boudica provenía de familia de aristócratas icenos. Dión Casio narra de ella que “poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres”, que era alta, de voz áspera y mirada feroz, cabello pelirrojo hasta la cadera, túnica de muchos colores y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro, posiblemente un torque, aditamento que entre los pueblos celtas siempre significaba nobleza

Viuda del rey Prasutag, quien la dejó sin descendientes varones que le aseguraran el reino y sumamente endeudada, encabezó la rebelión de su pueblo contra los conquistadores cuando aquellos no sólo la ignoraron como heredera del trono sino que la despojaron de sus tierras y la azotaron en público, tras violar a sus dos hijas, lo cual desató la ira de Boudica. Al frente de cien mil soldados campesinos destruyó tres colonias romanas y por poco no expulsó a los invasores de las islas. Antes de cada batalla, se paseaba en su carro delante de sus tropas arengando a sus guerreros con encendidas palabras de venganza. La lucha entre los icenios y los romanos era a muerte: no se tomaban prisioneros y se mataba hasta a los caballos y los animales de carga. Su ejército era más numeroso que el romano (en relación de 5 a 1) pero estos se ubicaron en un terreno rodeado de bosques, donde no podía ser flanqueados, rebasados ni emboscados. El ejército romano estaba bien disciplinado y armado; el de Boudica era muy numeroso pero poco uniforme en cuanto a las armas que portaban y a la edad de los guerreros (desde niños de 10 años hasta ancianos). La noche anterior a la batalla, después de ordenar levantar el campamento, Suetonio solicitó ser despertado ni bien el ejército rebelde se presentase en el campo de batalla. Cuando ello ocurrió, las legiones se formaron en filas de siete en fondo, con sus escudos, espadas y lanzas (dos por cada soldado). Cuando Cayo Suetonio Paulino (gobernador de Britania), vio que en el campo enemigo los carros de transporte y las familias de los guerreros habían sido colocados detrás de los combatientes, comprendió que había ganado la batalla. Cuando la infantería britana atacó, las mucho más disciplinadas formaciones romanas hicieron caer sobre ellos una lluvia de lanzas que diezmó sus primeras líneas. Eso sumió en la confusión a los britanos y los hizo retroceder, dejando en el campo un tendal de muertos. Suetonio ordenó a sus soldados avanzar a paso lento pero sostenido, en una línea en forma de sierra dentada, cubriendo sus flancos con sus escudos. Al verlos venir, los guerreros de Boudica volvieron a cargar, encajonándose entre los "dientes" de las filas romanas. Los legionarios de la primera hilera, defendidos por los escudos, atravesaron con sus espadas a centenares de atacantes, casi sin recibir daños. Al cabo de cuatro o cinco minutos de combate, a una señal de sus oficiales, dejaban el puesto al que formaba detrás, colocándose en la última posición. Eso permitía entrar en combate a soldados "frescos" y recuperar fuerzas a los que habían peleado. La masacre fue total y al no poder perforar la formación enemiga, los britanos entraron en pánico y comenzaron a retroceder, aplastándose unos a otros mientras los romanos seguían su avance implacablemente.
En su desesperación por huir, los britanos no solo empujaron a los guerreros que avanzaban detrás sino a las mujeres, niños y ancianos que aguardaban el desenlace de la batalla en cercanías de los carros. La avalancha que produjeron fue tal, que cerca de 40.000 murieron aplastados entre los combatientes en desbandada y los vehículos que impedían la retirada.
Los romanos no tuvieron piedad, ni siquiera de mujeres encinta y niños y durante horas se dedicaron a asesinar a los heridos y a perseguir a los que habían logrado traspasar los carromatos.
Boudica acabó suicidándose con veneno para evitar que los romanos la atraparan, según Tácito, aunque Dión Casio da otra versión de los hechos. Tal fue el grado de violencia que los romanos aplicaron, que durante los cuatro siglos siguientes, la provincia se mantuvo en paz.

Boudica fue olvidada durante la Edad Media. Pero el redescubrimiento de las obras de Tácito y Dión Casio durante el Renacimiento le permitió a Polidoro Virgilio reintroducirla en la historia británica en 1534. Sin embargo, malinterpretó que la “Voadicea” que encontró en Tácito era distinta que la “Bunduica” de Dión Casio.
La historia de Boudica también está incluida en The Chronicles of England, Scotlande, and Irelande o "Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda" de Raphael Holinshed e inspiró a Francis Beaumont y a John Fletcher —dos contemporáneos de Shakespeare (más jóvenes que él)— a escribir la obra "Bonduca" en 1610.
En 1782, William Couper escribió un popular poema: Boadicea, an ode.
En la era victoriana, la fama de Boudica tomó proporciones legendarias. La reina Victoria fue considerada su epónima por Alfred Lord Tennyson, el poeta laureado de la reina, que en su honor escribió el poema Boadicea .
También se puso su nombre a un buque de guerra, el Her Majesty Ship Boadicea.
El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha financió una gran estatua de bronce de Boudica en su carro de guerra (anacrónicamente adornado con guadañas al estilo del Imperio Persa), junto con sus hijas; el conjunto fue creado por Thomas Thornycroft. Se instaló en 1905 cerca del puente de Westminster y el Palacio de Westminster, sede del Parlamento británico, en Londres, con dos versos del poema de Cowper dedicado a ella, que se refieren al imperio británico: «Regiones que el César nunca conoció / tus herederos dominarán».
Irónicamente, la gran rebelde luchadora contra un imperio ahora era identificada con la emperatriz del nuevo.
Se han producido dos filmes se acerca de su historia, en 1928 y más recientemente en 2003.
Fuente: particularmente Wikipedia, más diversos libros.

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